China halla restos de un mar de lava en la cara oculta de la Luna | Ciencia

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Desde enero de este año, un pequeño robot chino está atravesando la zona catastrófica más antigua del Sistema Solar. Se trata de la cuenca Aitken, un enorme cráter en la cara oculta de la Luna formado por el impacto de un meteorito de 170 kilómetros hace unos 3.900 millones de años. Es la primera vez que un vehículo robótico recorre este territorio y, como era de esperar, está haciendo descubrimientos importantes.

Los científicos de la misión china Chang’e 4, la primera que ha aterrizado con éxito en la cara oculta de la Luna, creen haber encontrado restos del manto lunar, la capa interna que se oculta bajo la corteza y de la que hasta ahora no había apenas evidencias.

La Luna es un pedazo de Tierra arrancado por el impacto de Theia, un asteroide del tamaño de Marte, en los orígenes del sistema solar, hace unos 4.500 millones de años. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. Durante un tiempo el satélite quedó cubierto por un océano de lava ardiente en el que los materiales más pesados fueron cristalizando en el fondo y los más ligeros quedaron en la superficie, de donde después los primeros astronautas recogieron abundantes muestras en las décadas de 1960 y 1970. Desde entonces ha sido un misterio cuál es la composición de la Luna más allá de su  capa más externa.

El robot Yutu-2 aterrizó en enero de este año en el cráter Von Kármán, una cuenca de unos 180 kilómetros de diámetro que a su vez está dentro del cráter de Aitken, que con 2.500 kilómetros de lado a lado es uno de los más grandes que se conocen. La cara oculta de la Luna está repleta de cráteres como estos, muchos de ellos formados durante una violenta etapa de la historia del sistema solar conocida como bombardeo intenso tardío. La cara visible de la Luna también quedó arrasada por esta descarga, pero en este caso los agujeros se inundaron de lava volcánica que al secarse formó las grandes llanuras conocidas como mares que se aprecian en la actualidad.

El impacto en Aitken fue tan violento que penetró más allá de la corteza lunar y destapó el manto esparciendo su contenido por la superficie. En un estudio publicado hoy en la prestigiosa revista Nature, científicos de la Academia Nacional de Ciencias de China explican que el espectrómetro de luz visible e infrarroja del Yutu-2 muestra que la composición del terreno es diferente a la del regolito en los mares del satélite. Los minerales tienen un alto contenido de olivina y otros compuestos densos, del tipo que pudieron quedar en las capas más profundas del mar de lava.

“Estos podrían ser los primeros indicios claros del manto lunar que salieron a la superficie tras el enorme impacto que formó la cuenca Aitken”, reconoce Bernard Foing, director del Grupo de Trabajo para la Exploración Lunar de la Agencia Espacial Europea, que ha colaborado con China en la misión Chang’e-4.

Los resultados son “emocionantes”, considera Patrick Pinet, del Instituto de Investigación de Astrofísica y Planetología de Francia, en un comentario publicado junto al artículo. Los datos recabados por Yutu “pueden tener implicaciones importantes para determinar la composición del manto externo”, así como desvelar la “profundidad, velocidad de enfriamiento y viscosidad” del viejo mar de lava que cubría la Luna. “Los datos”, explica Pinet, “también pueden cambiar nuestra visión sobre los interiores planetarios”. “Es muy importante desvelar la geología de la cara oculta de la Luna, lo que aumentará nuestro conocimiento sobre la formación de la Luna y las diferencias entre sus dos caras”, explica el investigador, quien no obstante advierte de que los resultados chinos son preliminares y deben ser confirmados con más análisis no solo de tierra, sino también de rocas lunares de la cara menos explorada del satélite.


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